Paz del Chaco

paz0

El 12 de Junio, se cumple 75 años de la firma del Protocolo de Paz entre Paraguay y Bolivia. Dos días después, el 14 de junio, dejaron de rugir los cañones en los campos de batalla del Gran Chaco, para dar paso al abrazo fraterno de dos pueblos que decidieron enterrar definitivamente el hacha de guerra y enarbolar de nuevo ante el mundo la bandera de la paz fecunda y constructiva, capaz de hacer realidad el sueño americano de libertad, desarrollo y bienestar.

En el siglo 19, Pedro II por Brasil, Bartolomé Mitre por la Argentina y Venancio Flores por Uruguay -contando con el apoyo del imperio inglés y la banca Baring Brothers- firmaron la llamada “Triple Alianza” que en 1865 desencadenó una guerra genocida contra el Paraguay, aduciendo una cuestión de límites.

Sesenta y dos años más tarde, en otra guerra fratricida, Paraguay se enfrentó a Bolivia, en la llamada “Guerra del Chaco” (1932-1935), estimulada esta vez por trasnacionales petroleras rivales, del grupo de “Las siete hermanas”. Paraguay resultó vencedor, pero perdió 50.000 hombres en los campos de batalla.

Tres largos años (1932 – 1935) de guerra, de ciega violencia, habían segado casi 80.000 vidas paraguayas y bolivianas.

El 12 de Junio de 1935 se firmó en Buenos Aires el Protocolo de Paz paraguayo-boliviano con la presencia de los representantes de Argentina, Chile, Brasil, Estados Unidos, Perú y Uruguay y los ministros de Relaciones Exteriores de los países beligerantes que puso fin a la cruenta guerra entre los dos países hermanos, unidos físicamente por la bravía tierra chaqueña pero enfrentados por la codicia extranjera.

Resulta imposible mencionar a tantos héroes, no sólo jefes y soldados, sino choferes, mecánicos, médicos, enfermeras, en el campo de batalla. Y, junto a todos ellos, las madrinas de guerra, quienes a pesar de la distancia, vivieron muy de cerca las patrióticas luchas de sus arrojados ahijados.

Han pasado varios años de aquel hecho que sólo puede llamarse glorioso, por haber marcado el final de un encuentro de sangre entre dos países hermanos de América.

Hoy, cada vez son más escasos los héroes anónimos de aquella epopeya sangrienta, nuestros aguerridos y valerosos ex combatientes. Se están yendo lent

amente al más allá, a la presencia de Dios, para reencontrarse con su compañeros caídos en la pavorosa contienda.

Y todos, desde ahí, contemplarán orgullosos la obra realizada y se mantendrán vigilantes para observar si los paraguayos honramos su legado.

Fotografías: yluxx.com