MASCOTAS INOLVIDABLES

Una mascota es parte de nuestras vidas y un cachorro siempre se convierte en el fiel amigo. Los vemos nacer, crecer y morir. Dicen que todos los perros van al cielo. Y debe ser así por su nobleza y fidelidad.

Es bueno recordarlos en su día.


Posteado por Pedro Gómez Silgueira el 04-10-2012

Gonzalo yace envuelto en dos sábanas de algodón impecablemente blancas a un lado de la fuente y bajo el verde césped del Museo de Arte Sacro. El labrador cuya escultura de bronce en pose de guardia mira la Villa Lina, pasó a ser el custodio permanente del lugar.

La mascota del museo cuya imagen está impregnada en una página web, remeras, esculturas y otros objetos, dejó de existir en esta primavera a los diez años, lo que equivale a decir unos 70 años comparado con los seres humanos. Sin embargo, no es tan exacto, aunque igual en el caso de Gonzalo festebaja su cumpleaños con torta y velita.

“La creencia popular de que un año humano corresponde a 7 años de los perros no es del todo cierta. De hecho el envejecimiento de un perro es mucho más rápido durante sus primeros dos años de vida. Después de dos años, cada año humano corresponde a 5 años, para los perros de razas pequeñas y medias. Para razas grandes, el ratio es de 6 a 1, y las razas gigantes de 7 a 1. Por lo tanto a los 10 años de edad, un Gran Danés tendrá 80 años perrunos mientras que un perro faldero tendrá 64”, dice una explicación extraída de una de las páginas de internet.

Pero al fin y al cabo ¿qué importa la edad? Se puede decir que Gonzalo vivió a cuerpo de rey, era el amo y señor de la casa. Recibía a los invitados, compartía con ellos amenamente y cuando quería despedirlos se levantaba y daba unos ladridos poniéndose en la puerta como para ir hacia la habitación.

Nunca dejó de ir a la escuela a donde lo entrenaban para ser educado, a no romper ninguna cristalería, no tumbar las imágenes sacras a las que estaba acostumbrado y a hacer caminatas sobre la cinta para no excederse de peso. Para quien tenga una mascota cualquier movimiento, gesto o actitud de su perro, gato o loro es motivo de orgullo, comentarios y alegrías.

Cuando las mascotas se van, los niños padecen verdaderos traumas difíciles de superar. Mi hermano menor hasta hoy día no puede comer nada que se parezca a un pato, pues de niño tenía por mascota a una de las palmípedas hasta que un buen día desapareció pero el pensó que terminó en un estofado.

Yo nunca olvido a mi primer perro, rescatado por mi padre del Puerto de Guyratí, adonde lo habían llevado en una bolsa para arrojarlo al río, pero él se apiadó y ocupó los primeros diez años de nuestra infancia, hasta los diez años más o menos. Murió de viejo.

Bueno, simplemente quería recordar a las mascotas en su día y felicitar a todos los que tienen una o guardan gratos recuerdos de sus queridos animalitos.

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GONZALO

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